Un vistazo a la Educación Básica en Ecuador
Por: Fernando Endara I.
Antropólogo
Docente Universitario
Me gustan los estudiantes
Porque son la levadura
Del pan que saldrá del horno
Con toda su sabrosura
Violeta Parra – Cantautora Chilena
Septiembre es un mes ajetreado. En la Sierra del Ecuador, el régimen educativo dictamina que los estudiantes de educación básica y de bachillerato, deben retornar a sus clases, después de un merecido descanso. Esto trae consigo una serie de contratiempos que, en ocasiones, nos distraen de lo importante para fijarnos en lo práctico. Los uniformes, las listas de útiles, el tráfico y los tiempos de desplazamiento se vuelven preocupaciones urgentes. Asimismo, el inicio del ciclo académico implica la adaptación de los estudiantes a sus nuevos docentes, a las asignaturas, a los grupos de wasap y a un modelo educativo que debe resolver ciertas paradojas emergentes como el uso de IA, la creciente burocracia administrativa o la falta de motivación docente o estudiantil, por citar algunas.
Pese a todo, el inicio del nuevo ciclo escolar es una oportunidad para repensar la educación, recordar su importancia social, cuestionar sus procesos y proponer alternativas de transformación. La educación básica y bachillerato en el Ecuador tiene un largo recorrido que inicia prácticamente en los albores republicanos, con las posturas educativas lancasterianas centradas en las prácticas de oficios propuestas por Simón Rodríguez. Desde ahí, gracias a diversos procesos sociales y a la iniciativa de educadores, se han alcanzado diversos logros que conviene recordar. Vicente Rocafuerte, durante su mandato presidencial, instituyó la enseñanza primaria pública como obligación del estado. García Moreno cambió la matriz educativa al modernizar los contenidos y buscar una educación científica, de estirpe confesional, en reemplazo de la escolástica que reinaba desde la época colonial.
Fue durante la época de gobiernos liberales que se estableció la educación laica, la inserción de la mujer y se ampliaron las instituciones de formación docente en el territorio nacional conocidas como Normales. Durante el siglo XX, la educación abrió paso a la modernidad, gracias a los educadores que escribieron y publicaron diversos manuales y textos didácticos, pedagógicos y académicos en casi todas las áreas del saber. Muchos de ellos enfatizaron su vocación a pesar de los atrasos en los sueldos. A la par, la llegada de pedagogos extranjeros con modelos como la Escuela Nueva modificaron y ampliaron las estrategias didácticas tradicionales. Para finales de siglo, se reconoció el sistema de Educación Intercultural Bilingüe, que permitió el diálogo de saberes, el respeto a la diferencia y la valoración de elementos interculturales como la cosmovisión andina o la lengua kichwa, gracias a la lucha social de figuras como Dolores Cacuango.
Las transformaciones educativas no se detienen. Para el siglo XXI, el proyecto de Unidades Educativas del Milenio se realizó con diversos resultados. Por supuesto, se esperan nuevos cambios e innovaciones. Sin embargo, vale recordar que la transformación educativa ha tenido un creciente proceso de inclusión que vale mantener. Es decir, la educación debería pensar estrategias para mantener e incorporar a niños, niñas y adolescentes que no han logrado ingresar a la educación formal: grupos con diversas necesidades educativas especiales, expuestas a violencia, migrantes, entre otros. Es deber de los docentes mantenernos vigilantes y proponer alternativas, en nuestras manos está la educación del presente y del futuro.