Ambato florece con su gente: 75.ª edición de la Fiesta de la Fruta y de las Flores,

Por Biografías Urbanas

 

La ciudad respiraba memoria aquella noche de febrero. En el corazón del Centro Cultural Eugenia Mera, Ambato se reunió consigo misma para celebrar la 75.ª edición de la Fiesta de la Fruta y de las Flores, bajo un lema que no era consigna, sino certeza: Ambato florece con su gente.

 

A las 18:30, la música abrió el tiempo simbólico. La Orquesta de Cámara Ciudad de Ambato desplegó acordes que parecían ordenar los recuerdos dispersos de generaciones. Luego, la palabra tomó su lugar con la intervención del cronista vitalicio, Pedro Reino Garcés, quien trazó un puente entre pasado y presente, recordando que la fiesta no es espectáculo, sino herencia viva.

 

El escenario se convirtió entonces en territorio de evocación. La presencia de Macarena Ruiz condensó elegancia y memoria; Edgar Castellanos aportó la densidad de la palabra construida en el tiempo; mientras el Grupo Musical Aroma recordó, con su trayectoria, que la música popular también escribe historia. Voces como las de Martha Cortés, Rodrigo Vázquez y Luis Camana resonaron como eco colectivo.

 

La poesía irrumpió en dos tiempos: primero con Juan José Quesada y luego con Marcelo Mantilla, quienes tejieron imágenes en las que la ciudad se volvió íntima. La danza, encarnada por el grupo Alma y Júbilo, confirmó que la identidad no se hereda sola: se cultiva.

 

El estreno del documental Ambato vive: 75 años de la Fiesta de la Fruta y de las Flores fijó en imágenes lo que la memoria suele dispersar. Y, en los reconocimientos, conducidos por Wilson Freire Villagómez, la cultura encontró rostros concretos a quienes agradecer.

 

Al final, cuando la música volvió a cerrar el círculo, quedó flotando una certeza: las ciudades no florecen por decreto ni por calendario. Florecen cuando su gente decide recordar, celebrar y proyectar su identidad como un acto colectivo de resistencia cultural.